El artesano, ese ser en proceso de extinción 06/11/2018 – Publicado en: Artículos

 

Somos artesanos. Somos esos seres que aún utilizan las manos para crear nuestro arte. Nos gusta cuidar las piezas hasta el último detalle. Esmerarnos en ir desgranando todo el proceso hasta llegar a hacer sorgir de la nada ese objeto que será por fin creado.

El proceso artesanal puede durar unos segundos, pero normalmente dura horas. Minuciosos trabajos de arte que esconden oficios antiguos. Oficios aprendidos de padres a hijos o de maestros que aglutinan gran conocimiento.

Ser artesano significa una manera de ver el mundo; Una manera de mostrar el mundo; y una manera de sentir el mundo.

Hace unos años decidí dar un giro a mi vida y convertirme en artesana. La verdad  es que si miro atrás ya lo había decidido desde el inicio de mis días. Desde pequeña mi pasatiempo preferido era crear con las manos (jugaba a hacer los vestidos a las muñecas, a papiroflexia, a hacer cajitas de cerámica). Y he crecido haciendo de la artesanía una de mis pasiones (he asistido a clases de todo tipo de creaciones plásticas: cerámica, pintura en seda …). Y desde hace diez años que encontré el arte que más me gustaba: la joyería.

Ser artesana es para mí un orgullo y una satisfacción. Disfruto cada momento del proceso artesanal, disfruto creando las piezas y viéndolas terminadas; disfruto cuando las vendo; disfruto viendo cuando a la gente le gustan y las valora; y sobre todo disfruto cuando veo mis piezas puestas en otras personas.

Pero artesanos quedamos pocos. Hoy en día se ha dejado de valorar la artesanía y estamos en un momento de decadencia. Vivir de la artesanía se hace casi imposible. El valor de la pieza artesanal ha dejado de tenerlo a pie de calle, y cada vez son menos los que dan ese valor a nuestras piezas. El público prefiere comprar una pieza realizada en cadena o en china que una pieza artesanal. En las ferias de artesanía cada vez se ve menos artesanía.

Yo misma he combinado dos trabajos durante mucho y tiempo: la de la artesanía y otra a jornada completa para poder llegar a fin de mes. Es decir que a la semana trabajaba una jornada y media.

Pero siendo artesano aprendes. Aprendes a dar valor a las cosas, a la sabiduría, a la honestidad y a la por severidad. En los artesanos abundan gestos de intercambio (son muchos los artesanos que se acercan a la parada y te ofrecen enseñarte su arte a cambio de que tú les enseñes tuyo), abundan los gestos de compañerismo. Y es que los artesanos nos entendemos.

Y lo mejor de todo es cuando te encuentras frente a aquellas personas que saben valorar tus piezas, y con esto no quiero decir que te las compren, sino que sepan darle un valor.

Así pues celebramos para todos aquellos que valoran la artesanía y por los artesanos. Y estamos convencidos de que llegará un día en que la artesanía resurgirá y se volverá a valorar. Es por eso que nunca vamos a tirar la toalla.